Serie: Amor Incondicional, capítulo IV

  • 19 marzo, 2022
  • Redacción
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Tengo el vivo recuerdo de mi padre, desde que tengo uso de razón. Lo recuerdo en el sector popular del Estadio Nacional de Tegucigalpa, caminando hacia un partido frente al club deportivo Colo Colo (de Chile), que traía a una de sus estrellas: Iván Zamorano.

Mi padre, con sus pasos cansados, me dijo: “Hijo, todo lo que hagas por Olimpia te dejará una alegría incalculable, esta ha sido mi mejor forma de estar en el mundo, seguir a este equipo aun en los momentos que los resultados no nos favorecen”.

Desde ese día comprendí que ese amor heredado por mi padre lo llevaría por el resto de mi vida. Fueron tantos abrazos de gol que compartí con mi padre que guardo su recuerdo en el museo más puro de mi alma. Por eso cada partido que jugamos después de cada gol dirijo mi mirada al cielo y sonrió.

Ese mismo día al medio tiempo una eterna conspiración se formaba en el predio del Estadio Nacional: dos peñas referentes de nuestro club se juramentaban. Era la Ultra Sur y la Tropa del B2, las cuales siguen hasta el día de hoy alentando al amado León.

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